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Escribir, ¿para quién?

27/12/2011

Escribir para nadie da una gran tranquilidad. Y no es igual, por ejemplo, que escribir para una misma. Cuando escribes para ti misma, escribes para alguien. Para alguien muy particular. Y omites, insinúas o exageras sabiendo que el lector, o sea, tú, sabrá poner las cosas en su sitio. Sabrá entender. Mejor incluso que tú misma cuando escribes.

Escribir para nadie no tiene que ver con eso. Podría decirse incluso que es todo lo contrario. Escribir para nadie es como escribir para todo el mundo. Y escribir para todo el mundo supone renunciar a complacer a una audiencia determinada, por pequeña o grande que sea, y olvidarse de todas las demás.

Si escribes para alguien, si tienes eso que los de marketing llaman target, diseñarás tu producto a la medida del público y satisfacer su expectativa será tu objetivo. Si, en cambio, escribes para todo el mundo, o sea, para nadie en particular, olvídalo. Ni siquiera la lluvia, magnífica, magnánima; ni siquiera el sol, vitamina esencial, han sido capaces de contentar a todos. Y recordar eso da una gran tranquilidad.

Cuando escribas para nadie sentirás la ausencia enorme de un cómplice que modere tus exageraciones, que comprenda tus omisiones, que disculpe tu discurso cuando se vuelva cansino.

Cuando escribas para nadie, sentirás la falta dolorosa de público, la confusión de quien no tiene expectativa que cumplir ni sensibilidades que complacer.

Cuando escribas para nadie habrás logrado, con gran tranquilidad, el objetivo.

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